El nombre Kuyimá es hoy inseparable de Laguna San Ignacio. Forma parte de la identidad local, del ecoturismo comunitario y, sobre todo, de la memoria colectiva que envuelve a la ballena gris. Pero detrás de este nombre hay una historia profunda: un significado nacido del arte, un origen inspirado en la lengua indígena y una leyenda que desde hace décadas es el corazón espiritual de la comunidad.
Para entenderlo, debemos regresar a sus raíces: a las personas que lo crearon, al lugar que lo inspiró y a la leyenda que le dio vida.
El origen del nombre Kuyimá
El nombre Kuyimá no proviene de un vocablo antiguo, sino de la creatividad del artista plástico Francisco Gerardo Hernández Zamora, amigo cercano de los fundadores de la empresa ejidal orientada al turismo ecológico.
Hernández Zamora tomó dos voces de la lengua kumiai —uno de los pueblos indígenas originarios del norte de la península— y las unió para formar un nuevo concepto cargado de simbolismo.
De esta combinación surgió Kuyimá, que significa:
“La que danza en las nubes”
“Luz en la oscuridad”
El nombre fue elegido no solo por su belleza poética, sino porque capturaba con precisión la esencia de un ser que había dejado huella entre los pescadores y habitantes de la laguna: la ballena que protagoniza la leyenda que te presentamos a continuación.
La leyenda de Kuyimá
“Kuyima era la gran ballena gris. Tan manchada de costras de balanos que era casi blanca de la cabeza.
Cerca de la boca, tenía una gran verruga”.
“Ágil y amigable era la ballena que baila en las nubes”.
“Por bioluminiscencia planctónica, en las noches obscuras, cuentan los pescadores que al brincar en la superficie de la laguna, Kuyima era: Luz en la Oscuridad”.
En 1991 estuvo aquí. Después no ha regresado. Desde siempre Kuyima es el alma de la comunidad de Laguna San Ignacio”.
Francisco Gerardo Hernández Zamora
Laguna San Ignacio, B.C.S, 1996
La ballena que se convirtió en símbolo
La descripción poética de Hernández Zamora revela mucho más que una simple anécdota sobre una ballena particular.
Kuyimá era casi blanca, cubierta de balanos, reconocible por una verruga en la boca. Era ágil, amistosa y única en su comportamiento. Y durante las noches sin luna, cuando saltaba en aguas cargadas de plancton bioluminiscente, parecía encenderse como una chispa en la oscuridad: una luz viva sobre la laguna.
No es extraño que, para los habitantes, su paso dejara una marca imborrable.
Por eso, aunque la ballena no ha vuelto desde 1991, la comunidad afirma con orgullo:
“Kuyima es el alma de la comunidad de Laguna San Ignacio.”
Un nombre que se convirtió en identidad
Hoy en día, Kuyima no solo nombra a una ballena legendaria.
Es también el emblema de una empresa comunitaria que practica turismo de bajo impacto dentro de un área natural protegida.
La palabra evoca:
- la unión entre mar y desierto,
- la estrecha relación de la comunidad con la ballena gris,
- la luz interior de un ecosistema vivo,
- y la memoria cultural que se transmite de generación en generación.
Así, el nombre conserva su resonancia poética y su poder simbólico: representa tanto una historia real como un ideal colectivo de cuidado, respeto y conexión con la naturaleza.
Conclusión: Kuyimá, un nombre que sigue iluminando
“Kuyimá” es más que una palabra y más que una leyenda.
Es un recordatorio de que la naturaleza también cuenta historias, de que las comunidades encuentran identidad en sus criaturas sagradas, y de que Laguna San Ignacio es un lugar donde el mar, la luz y la memoria se entrelazan.
La ballena blanca quizá no volvió, pero su espíritu —según quienes la conocieron— permanece.
Sigue danzando en las nubes.
Sigue siendo luz en la oscuridad.















